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La probabilidad de lo improbable: colas gruesas, cisnes negros y la superposición de circunstancias

Por Xscriptor — Óscar Preciado6 min de lectura
La probabilidad de lo improbable: colas gruesas, cisnes negros y la superposición de circunstancias

En el formalismo de la superposición, establecimos que la totalidad de las proyecciones del sujeto se normaliza a la unidad:

i=1nαi2=1\sum_{i=1}^n |\alpha_i|^2 = 1

Esta condición es necesaria para que el modelo sea coherente: el sujeto distribuye su atención, deseo y temor entre las circunstancias posibles, y la suma de esas proyecciones agota su espacio existencial. Pero hay un problema que esta ecuación no resuelve: ¿qué ocurre con aquellas circunstancias cuya probabilidad es tan pequeña que el sujeto ni siquiera las contempla, pero cuyo impacto, si ocurren, es tan grande que transforman radicalmente el estado del sistema?

Son los cisnes negros de Nassim Nicholas Taleb: eventos raros, de alto impacto y que, retrospectivamente, parecen explicables.


La tiránica normalización

Cuando el sujeto asigna coeficientes αi\alpha_i, lo hace sobre un conjunto finito de circunstancias que puede imaginar. Su espacio de Hilbert existencial está limitado por su conocimiento, su experiencia y su capacidad de proyección. Pero el universo de circunstancias posibles no coincide con el universo de circunstancias imaginables.

Existe una clase de circunstancias ϕϵ|\phi_\epsilon\rangle cuyo coeficiente αϵ\alpha_\epsilon es tan pequeño que el sujeto las ignora en su normalización:

i=1nαi2+jEαϵj2=1\sum_{i=1}^n |\alpha_i|^2 + \sum_{j \in \mathcal{E}} |\alpha_{\epsilon_j}|^2 = 1

donde E\mathcal{E} es el conjunto de circunstancias que el sujeto no considera relevantes. En la práctica, el sujeto opera como si:

i=1nαi21\sum_{i=1}^n |\alpha_i|^2 \approx 1

despreciando la cola de la distribución. Y esta aproximación funciona... hasta que deja de funcionar.

Nassim Nicholas Taleb: "Los cisnes negros son el resultado del hecho de que lo que no sabemos es más relevante que lo que sabemos."


Distribuciones de cola gruesa en el espacio existencial

En una distribución gaussiana, los eventos extremos son tan improbables que pueden ignorarse sin gran riesgo. Su contribución a la varianza total es despreciable. Pero las distribuciones que gobiernan los fenómenos humanos —guerras, crisis financieras, descubrimientos, encuentros fortuitos— no son gaussianas. Son distribuciones de cola gruesa (fat tails), donde la probabilidad de eventos extremos es órdenes de magnitud mayor de lo que una campana de Gauss predeciría.

En nuestro modelo, esto se traduce en que el conjunto E\mathcal{E} no es despreciable. Su contribución a la normalización total puede ser pequeña en términos de frecuencia, pero enorme en términos de impacto existencial. Un solo ϕϵk|\phi_{\epsilon_k}\rangle con αϵk21|\alpha_{\epsilon_k}|^2 \ll 1 puede, al colapsarse, transformar por completo la trayectoria del sujeto.

Podemos caracterizar esta asimetría mediante el momento existencial de orden superior:

μk=i=1nαi2I(ϕi)k\mu_k = \sum_{i=1}^n |\alpha_i|^2 \cdot \mathcal{I}(\phi_i)^k

donde I(ϕi)\mathcal{I}(\phi_i) es una función de impacto existencial. Las distribuciones de cola gruesa se caracterizan porque μk\mu_k diverge para kk suficientemente alto: los momentos de orden superior no están acotados, lo que significa que el impacto de las circunstancias en la cola puede dominar la experiencia vital del sujeto.

Todo esto es, visto de otra manera, un soporte analítico a una intuición milenaria:

Heráclito: "Si no esperas lo inesperado, no lo reconocerás cuando llegue."


La imposibilidad de anticipar el cisne negro desde la superposición

Un cisne negro no es simplemente un evento improbable. Es un evento que, además, no estaba representado en el espacio de Hilbert del sujeto antes de ocurrir. Formalmente:

ϕBNHS(t)|\phi_{BN}\rangle \notin \mathcal{H}_S(t^-)

donde HS(t)\mathcal{H}_S(t^-) es el espacio de Hilbert del sujeto antes del evento. La circunstancia ϕBN|\phi_{BN}\rangle no existía como vector en la superposición previa. El colapso, en este caso, crea un nuevo estado base que antes no estaba presente en la base del sistema.

Esto plantea una paradoja interesante: la ecuación fundamental de la superposición asume un conjunto fijo {ϕi}\{|\phi_i\rangle\} de circunstancias posibles. Pero el cisne negro demuestra que el conjunto no es fijo. El espacio de posibilidades se expande con la experiencia.

Una formulación más realista requeriría un espacio de Hilbert dinámico cuya dimensionalidad pueda aumentar:

dim(HS(t+))>dim(HS(t))\dim(\mathcal{H}_S(t^+)) > \dim(\mathcal{H}_S(t^-))

El colapso de un cisne negro no solo selecciona una circunstancia: amplía el espacio de lo posible, porque revela que existían posibilidades que el sujeto no había considerado.


Colapso de la cola: cómo los eventos raros redefinen la identidad

Cuando un cisne negro colapsa, sus efectos no se limitan a la transición ΨϕBN|\Psi\rangle \rightarrow |\phi_{BN}\rangle. La renormalización posterior es dramática: todos los coeficientes αi\alpha_i previamente establecidos pierden validez, y el sujeto debe reconstruir su espacio de proyecciones desde cero.

Es, en esencia, un segundo nacimiento. La identidad previa al cisne negro y la posterior están separadas por una discontinuidad que ningún operador unitario puede salvar:

Ψ(t+)U(t)Ψ(t)para ninguˊU(t)|\Psi(t^+)\rangle \neq U(t) |\Psi(t^-)\rangle \quad \text{para ningún } U(t)

El cisne negro impone una no-unitariedad existencial. El sujeto no puede mapear continuamente su estado anterior al posterior. No hay función de onda que conecte al que era antes con el que es después. Hay, simplemente, una fractura.

Paul Tillich: "El coraje de ser es la capacidad de afirmar el propio ser a pesar de la amenaza del no-ser."

Esa amenaza del no-ser —la disolución de la identidad previa— es precisamente lo que el cisne negro materializa. Y el coraje de ser, la capacidad de reconstruir el espacio de Hilbert después de la fractura.


Conclusión

La superposición de circunstancias, en su formulación actual, opera sobre un espacio de posiciones conocido. Los cisnes negros nos recuerdan que ese conocimiento es siempre parcial y que la cola de la distribución —lo que ignoramos, lo que no imaginamos, lo que consideramos imposible— puede tener más peso existencial que todo el centro de la distribución combinado.

Incorporar esta asimetría al modelo no invalida su estructura, sino que la completa. La condición αi2=1\sum |\alpha_i|^2 = 1 sigue siendo válida, pero debemos reconocer que nn es una variable dinámica, que E\mathcal{E} (el conjunto de lo ignorado) puede contener más realidad que HS\mathcal{H}_S, y que el colapso de un cisne negro no solo transforma al sujeto: expande su universo.

El verdadero riesgo no es que ocurra lo improbable. Es que ocurra lo que ni siquiera hemos considerado.


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